La muerte no existe
No lo digo yo, lo dice Elisabeth Kübler-Ross, psiquiatra mundialmente famosa por sus investigaciones sobre la muerte y los moribundos. Falleció el año pasado (todavía faltan tres días), el 24 de agosto de 2004, coincidiendo, creo, con el cumpleaños de un amigo (que no leerá esto y por tanto no podrá confirmar ni desmentir). En sus memorias, La rueda de la vida, que compré por azar hace pocos días, hace un repaso (copiando textualmente de la contraportada) de los pasos más importantes que han marcado su trayectoria personal y profesional. Un libro tan singular como su autora, dice con razón. Esta mujer nació en Suiza a mediados de la década de los 20, siendo la mayor en un parto de trillizas. Su padre, cuando a las tres hermanas les llegó el momento de afrontar su futuro laboral decidió que trabajaría con él de contable en la oficina. Ella se negó en redondo. Entonces él le dijo que si rechazaba su oferta tendría que trabajar de empleada doméstica. Y así lo hizo, pero la trataron mal y volvió. Su padre la aceptó y ella encontró otro empleo de aprendiza en un laboratorio farmacéutico. En aquel año terminó la Segunda Guerra Mundial, y como ella era una intrépida voluntaria, viajó a Polonia a reconstruir escuelas y hospitales y ayudar a la gente, violando la prohibición de su padre, aunque cumpliendo la promesa que había contraído en otras misiones de voluntariado. En Polonia vio la miseria que había y la muerte por por doquier. Cuando regresó de nuevo su padre no la admitió, así que se buscó un piso para vivir y finalmente aprobó el examen de acceso para entrar en la Facultad de Medicina. Su padre la perdonó merecidamente. No quería hablar tanto de su vida, sino de las fases del morir, pero creo que ha sido una buena manera de introducir al personaje. Las fases que voy a citar corrsponden a la secuencia que tiene lugar durante la muerte. No son las mismas que las de la asimilación de muerte: negación, rabia, depresión, negociación y aceptación. Citando fragmentos del libro:
Durante los primeros años de la década de los setenta, entre Mwalimu (un religioso que colaboraba con ella) y yo entrevistamos a unas 20.000 personas que daban ese perfil, de edades comprendidas entre los 2 y los 99 años, de culturas tan diversas como la esquimal, la de los indios norteamericanos, la protestante y la musulmana. En todos los casos las experiencias referidas eran tan similares que los relatos tenían que ser ciertos. (...)
Según los relatos de las personas entrevistadas que compilé, la muerte ocurre en varias fases distintas:
1: Las personas salían flotando de su cuerpo. (...), todas decían haber estado totalmente conscientes del escenario donde estaban sus cuerpos. La persona salía volando como la mariposa que sale de su capullo (la metáfora es recurrente, de hecho en la portada del libro apareec una bella mariposa morada y rosa), y adoptaba una forma etérea; sabía lo que estaba ocurriendo, oía las conversaciones de los demás, (...) experimentaban también la salud total; por ejemplo, si una persona estaba ciega volvía a ver (...).
2: (...) decían haberse encontrado en un estado que sólo se puede definir como espíritu y energía. Fuera cual fuese el lugar que o la forma en que habían muerto, eran capaces de ir a cualquier parte a la velocidad del pensamiento. (...) recordaban que en esta fase se encontraban también con sus ángeles guardianes, o guías, o compañeros de juego, como los llaman los niños. Explicaban que los ángeles eran una especie de guías, que als consolaban con amor y las llevaban a presencia de familiares o amigos muertos anteriormente.
3: Guiadas por sus ángeles de la guarda, estas personas pasaban a la tercera fase, entrando en lo que por lo general describían como un túnel o una puerta de paso, aunque también con otras diversas imágenes: puente, riachuelo, (...), en fin, lo que les resultaba más agradable; lo creaban con su energía psíquica. Al final veían un aluz brillante. (...) Allí sentían entusiasmo, paz, tranquilidad y la expectación de llegar por fin a casa. La luz, decían, era la fuente última de la energía del Universo. (...) todas habían hecho el mismo descubrimiento: ver la luz les había hecho comprender que sólo hay una explicación del sentido de la vida, y ésa es el amor.
4: Según los relatos, en esta fase se encontraban en presencia de la Fuente Suprema. Algunos lo llamaban Dios, otros decían que simplemente sabían que estaban rodeados por todo el conocimiento que existe, pasado, presente y futuro, un conocimiento sin juicios, solamente amoroso. (...) ya no necesitaban su forma etérea, se convertían en energía espiritual, la forma que adoptan los seres humanos entre una vida y otra y cuando han completado su destino. Experimentaban la unicidad, la totalidad o la integración. En este estado la persona hacía una revisión de su vida, un proceso en el que veía todos los actos, palabras y pensamientos de su existencia. Se le hacía comprender los motivos de todos sus pensamientos, decisiones y actos y veía de qué modo éstos habían afectado a otras personas, incluso a desconocidos; veía cómo podría haber sido su vida, toda la capacidad en potencia que poseía. (...) Mi interpretación fue que esto sería el cielo o el infierno, o tal vez ambos.
Estas descripciones os sonarán como a mí. Las hemos oído en series de televisión y películas, leído en libros. Forman parte un poco de la cultura popular a la que nadie da demasiado crédito. Estoy seguro de que si conociera a médicos en contacto con pacientes moribundos habría oído relatos similares. Un profesor de Neuropsicología que tuve mencionó de pasada alguna historia sobre el tema, y también habló de una luz. ¿Es casualidad? Si creemos a la autora, y ¿por qué no íbamos a creerla? ¿sólo porque mantenía contacto con entidades y espectros que le daban consejos? Sí, es cierto, la prestigiosa psiquiatra se dejó seducir por un medium, que no se atreve a nombrar más que con una inicial, B. (¿miedo?, ¿respeto?). Si lo oculta es que debe seguir vivo. B. entraba en trance y quedaba poseído por espíritus que ponían las palabras en su boca. Nombra sobre todo a Salem y a Pedro, sabios personajes. Como se sospechaba que B. podría ser una farsante en una ocasión encendieron la luz y lo encontraron desnudo en la sala. Más tarde le salpicó también la acusación de abusos sexuales. Estas historias inquitantes manchan un poco su biografía en opinión de los escépticos. Es reconfortante pensar que la muerte es sólo una transición hacia otro estado distinto, probablemente mejor. Algo etéreo se desprende de nosotros y nos unimos a la Fuente Suprema como una inyección de energía. ¿Por qué preferir creer que la muerte es un inconmensurable dolor cuando suele ser en realidad un alivio y una solución? La muerte sigue siendo un tremendo tabú social. Elisabeth se dio cuenta de que prácticamente no existía bibliografía sobre el tema y se echaba las manos a la cabeza. Cuando empezó a investigar y buscar enfermos moribundos para sus seminarios los médicos le ponían todo tipo de problemas y excusas. Claro, no querían admitir que se les estaban muriendo los pacientes. Los moribundos en cambio siempre colaboraron con ella con gusto, y sus preferidos eran los niños, con esa forma de decir las cosas tan sencilla y sincera. Cuando quiso llevar a bebés con sida a su granja los vecinos la amenazaron múltiples veces, y aunque intentó razonar con ellos no sirvió. Creo que el dolor sólo se produce en vida. En realidad no se teme el dolor sino lo desconocido, la desaparición. Los testimonios de las personas que no llegaron a morir del todo nos tranquilizan al respecto, aunque siga siendo desconocido por definición e inevitablemente, está en nuestra mano vivir pensando que será algo maravilloso, en lugar de algo horrible.
Durante los primeros años de la década de los setenta, entre Mwalimu (un religioso que colaboraba con ella) y yo entrevistamos a unas 20.000 personas que daban ese perfil, de edades comprendidas entre los 2 y los 99 años, de culturas tan diversas como la esquimal, la de los indios norteamericanos, la protestante y la musulmana. En todos los casos las experiencias referidas eran tan similares que los relatos tenían que ser ciertos. (...)
Según los relatos de las personas entrevistadas que compilé, la muerte ocurre en varias fases distintas:
1: Las personas salían flotando de su cuerpo. (...), todas decían haber estado totalmente conscientes del escenario donde estaban sus cuerpos. La persona salía volando como la mariposa que sale de su capullo (la metáfora es recurrente, de hecho en la portada del libro apareec una bella mariposa morada y rosa), y adoptaba una forma etérea; sabía lo que estaba ocurriendo, oía las conversaciones de los demás, (...) experimentaban también la salud total; por ejemplo, si una persona estaba ciega volvía a ver (...).
2: (...) decían haberse encontrado en un estado que sólo se puede definir como espíritu y energía. Fuera cual fuese el lugar que o la forma en que habían muerto, eran capaces de ir a cualquier parte a la velocidad del pensamiento. (...) recordaban que en esta fase se encontraban también con sus ángeles guardianes, o guías, o compañeros de juego, como los llaman los niños. Explicaban que los ángeles eran una especie de guías, que als consolaban con amor y las llevaban a presencia de familiares o amigos muertos anteriormente.
3: Guiadas por sus ángeles de la guarda, estas personas pasaban a la tercera fase, entrando en lo que por lo general describían como un túnel o una puerta de paso, aunque también con otras diversas imágenes: puente, riachuelo, (...), en fin, lo que les resultaba más agradable; lo creaban con su energía psíquica. Al final veían un aluz brillante. (...) Allí sentían entusiasmo, paz, tranquilidad y la expectación de llegar por fin a casa. La luz, decían, era la fuente última de la energía del Universo. (...) todas habían hecho el mismo descubrimiento: ver la luz les había hecho comprender que sólo hay una explicación del sentido de la vida, y ésa es el amor.
4: Según los relatos, en esta fase se encontraban en presencia de la Fuente Suprema. Algunos lo llamaban Dios, otros decían que simplemente sabían que estaban rodeados por todo el conocimiento que existe, pasado, presente y futuro, un conocimiento sin juicios, solamente amoroso. (...) ya no necesitaban su forma etérea, se convertían en energía espiritual, la forma que adoptan los seres humanos entre una vida y otra y cuando han completado su destino. Experimentaban la unicidad, la totalidad o la integración. En este estado la persona hacía una revisión de su vida, un proceso en el que veía todos los actos, palabras y pensamientos de su existencia. Se le hacía comprender los motivos de todos sus pensamientos, decisiones y actos y veía de qué modo éstos habían afectado a otras personas, incluso a desconocidos; veía cómo podría haber sido su vida, toda la capacidad en potencia que poseía. (...) Mi interpretación fue que esto sería el cielo o el infierno, o tal vez ambos.
Estas descripciones os sonarán como a mí. Las hemos oído en series de televisión y películas, leído en libros. Forman parte un poco de la cultura popular a la que nadie da demasiado crédito. Estoy seguro de que si conociera a médicos en contacto con pacientes moribundos habría oído relatos similares. Un profesor de Neuropsicología que tuve mencionó de pasada alguna historia sobre el tema, y también habló de una luz. ¿Es casualidad? Si creemos a la autora, y ¿por qué no íbamos a creerla? ¿sólo porque mantenía contacto con entidades y espectros que le daban consejos? Sí, es cierto, la prestigiosa psiquiatra se dejó seducir por un medium, que no se atreve a nombrar más que con una inicial, B. (¿miedo?, ¿respeto?). Si lo oculta es que debe seguir vivo. B. entraba en trance y quedaba poseído por espíritus que ponían las palabras en su boca. Nombra sobre todo a Salem y a Pedro, sabios personajes. Como se sospechaba que B. podría ser una farsante en una ocasión encendieron la luz y lo encontraron desnudo en la sala. Más tarde le salpicó también la acusación de abusos sexuales. Estas historias inquitantes manchan un poco su biografía en opinión de los escépticos. Es reconfortante pensar que la muerte es sólo una transición hacia otro estado distinto, probablemente mejor. Algo etéreo se desprende de nosotros y nos unimos a la Fuente Suprema como una inyección de energía. ¿Por qué preferir creer que la muerte es un inconmensurable dolor cuando suele ser en realidad un alivio y una solución? La muerte sigue siendo un tremendo tabú social. Elisabeth se dio cuenta de que prácticamente no existía bibliografía sobre el tema y se echaba las manos a la cabeza. Cuando empezó a investigar y buscar enfermos moribundos para sus seminarios los médicos le ponían todo tipo de problemas y excusas. Claro, no querían admitir que se les estaban muriendo los pacientes. Los moribundos en cambio siempre colaboraron con ella con gusto, y sus preferidos eran los niños, con esa forma de decir las cosas tan sencilla y sincera. Cuando quiso llevar a bebés con sida a su granja los vecinos la amenazaron múltiples veces, y aunque intentó razonar con ellos no sirvió. Creo que el dolor sólo se produce en vida. En realidad no se teme el dolor sino lo desconocido, la desaparición. Los testimonios de las personas que no llegaron a morir del todo nos tranquilizan al respecto, aunque siga siendo desconocido por definición e inevitablemente, está en nuestra mano vivir pensando que será algo maravilloso, en lugar de algo horrible.
